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jueves, 1 de diciembre de 2016

Avenida

La vereda me azota,
siento las baldosas como varas en los talones,
y el viento se mete en mi camisa
como una lengua impúdica.
Los faros de los autos ensucian la noche
con una luz líquida, tibia,
falsa como sonrisa de publicidad.

Hay estrellas como gatos
durmiendo en los contenedores de basura.
Hay ángeles que me miran
con imperiosa demanda de silencio,
sólo yo puedo verlos y desconozco la razón
de semejante privilegio.

A pocos metros, sobre las vías
que cruzan la avenida,
el recuerdo de un tren atropella la sombra
de un transeúnte que prosigue sin entender,
aunque se instaló para siempre en sus ojos
una llama de infinita soledad.

Abro la boca y reclamo
una bocanada de cordura;
faltan pocos metros para llegar a mi hogar,
ya puedo refugiarme entre las cálidas paredes
y abrazar a mi esposa, jugar con mi perro.
En mis zapatos arrastro una mancha de luz lechosa,
y guardo en mi retina un grito de árboles.
Faltan pocos metros.
Faltan.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Odio VII

El odio despierta
como un espía dormido
cuando llega la consigna.
Transforma los rostros,
vuelve roncas las voces,
muestra la naturaleza monstruosa
que se esconde en el ocre margen
de lo humano.
El odio se mete como una cuña
entre el hombre y su cielo.

Huida

Flota en el aire
un hedor a perro muerto.
La primavera trae flores muertas
y noches frías,
hay días que no la salvan los jazmines
ni los barriletes.

Mi perro teme a los truenos,
huye de la comodidad del sillón
para refugiarse afuera, en el patio,
dentro de una cucha que es casi
una casa de balneario.
A veces también quiero huir.
Volver a los ocho años y esconderme
en la casa del árbol que nunca tuve
(mi casa del árbol eran árboles
pinos que se caían y que antes que pasaran a ser leña,
con mis amigos habitábamos
y reciclábamos en barcos, edificios, colectivos).

El hedor me espanta.
También me rememora la niñez,
cuando caminábamos y descubríamos alguna osamenta
a la vera de la calle de tierra.
Podría haber sido un auto,
o los soldados de la base aérea probando puntería.
Entonces quería huir, ser adulto, vivir en otro lado.

La primavera siempre vuelve. No siempre es bella.

Pero siempre es.

sábado, 26 de noviembre de 2016

El buen ciudadano

El buen ciudadano paga sus impuestos,
levanta sus mañanas con el café,
hojea periódicos, hace pronósticos
y se lanza a la calle en un automóvil
que empieza a sentir demasiado pequeño.

El buen ciudadano oye en la radio voces
que le dicen qué pensar, como vestir,
de qué se debe reír. Esas palabras
pronto son suyas, las repite, las cree.

El buen ciudadano justifica su ira,
es sana indignación ante las ofensas
de los demás. La ira del otro es violencia
(el otro es otro), debe ser condenada.
El prójimo es su colega, su vecino.
El otro no es prójimo, es algo lejano.

El buen ciudadano habla a su hijo, le enseña
que debe haber fronteras en todo mapa.
(En el mapa de la ciudad las fronteras
deciden la vida, la verdad, la muerte).

El buen ciudadano levanta la voz
y repite las palabras instaladas
en su cabeza por la prensa. Celebra
entonces las muertes ajenas. Olvida
que todos somos mortales. Luego duerme,
en paz. Sabe que él es un buen ciudadano.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Humo

Somos humo, liviano, prisionero
en cápsulas de cristal delicado;
un hermoso frasco frágil, delgado.
Somos humo luminoso, ligero

destello sin fin en finito cuero.
Nuestro don es fluir, como Ícaro alado
volar y caer, volver encerrado
en un envase. Ser luz, ser acero,

ser humo en una lámpara y volar.
Somos la materia de sueños viejos
que vuelven a contarnos su cantar.

Somos parte de una luz, los reflejos
de una luz eterna. Hemos de brillar
por siempre. Somos únicos espejos.


domingo, 13 de noviembre de 2016

demonios 2

Hay un demonio de moño negro en mis extrañas entrañas.
Habita la perdida región del alma
que solo visito cuando me duele.
El hígado, claro.
Amargo como cronista de policiales,
me jode la existencia en cada oportunidad.
Ahora por ejemplo me dice que esto es prosa,
que me deje de joder con el salto del renglón.
Este demonio no pronuncia, muerde.
Sólo le salen bien las palabras “mío” y “yo”,
sospecho que inventó los lunes y la propiedad privada.
Puede ser gracioso, es fácil ubicarlo en un otro,
(ese “no yo”)
y burlarme como catarsis invertida,
desconociéndome.
Pero a veces envenena mi sangre
y mi lengua con tonos ocres, acres.
No soy yo, me digo y me miento. Soy yo.
Soy mi demonio de moño negro,
y no me causa gracia verme bailar su danza ridícula.
Combato a mi demonio, convivo con su sombra.
Apelo a los arcoíris de la memoria,
para saber que el otro soy yo mismo,
que puedo esconder mi demonio en sus infiernos
que puedo salir al sol y ser prójimo
de mis hermanos.

martes, 8 de noviembre de 2016

media luna

Los buitres vuelan sobre los pozos de sangre manchados de petróleo.
No hay alondras anidando,
Sherezade se ha vuelto muda y no puede convocar pájaros.
Los antiguos zigurats proyectan su sombra,
y a sus pies numerosas lenguas confluyen como ríos.
Los buitres posan sus garras en la biblioteca destruida.

El horror visita las calles en una lluvia de fuego.
A lo lejos se escucha la imprecación de predicadores de la muerte,
escupiendo sobre el libro sagrado.
El otro libro sagrado también llora,
le han amputado las palabras “amor” y “piedad”,
ya no puede caminar sin sus pies.
Los libros lloran como niños arrancados de sus madres,
Ancianos de dientes amarillos los prostituyen,
mienten de sus páginas gritos de odio
que jamás fueron escritos.

La media luna no mana miel y leche,
mana petróleo manchado de sangre.