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sábado, 14 de julio de 2018

Pinos

Recuerdo, como si viera una película vieja,
los árboles del barrio Las Dalias.
Me impactaban los pinos. Añosos,
irregulares.  Era un placer morboso
trepar sus ramas resinosas, resbaladizas.
Cuando alguna tormenta fuerte
vencía la resistencia de sus raíces,
nos apurábamos a tomarlo antes que llegaran
los adultos y sus sierras, sus hachas.
Entonces el pino
-o un primo eucalipto-
era barco, edificio, casa;
lo que quisiéramos.
Era nuestro,
por unos días.

Al borde de la carretera,
en campos idénticos a sí mismos,
veo,
adulto casi viejo,
a pinos jóvenes.
Parecen artificiales, uniformados.
Erguidos como un ejército en línea
frente a un coronel inexistente.
Un poco más allá, otra plantación
de eucaliptos se yergue
como otro ejército, rival o aliado,
pero apartado.
Los veo sin admiración, con cierta piedad.
Altos, derechos como un huso,
desnudos y con su copa de hojas
como una boina cónica,
son una parodia de aquellos gigantes
de largas cortezas que mudaban
y hojas perfumadas como té de abuela.

Prefiero a veces
las películas viejas de mis párpados
al progreso privado de bosques falsos
que veo
a la vera
del camino.

martes, 10 de julio de 2018

Tirano y frágil

Repentinamente el vacío
se traga mis palabras y mis pies
pierden sustento.
Repentinamente,
como un parpadeo al volante
el mundo se torna extraño y hostil
y hasta nuestra piel
nos es ajena.

El tiempo es una copa de cristal
que vemos estallar,
atónitos,
un segundo antes de comprobar
que fue atravesada por la misma bala
que hizo en nuestro pecho nido.

Quiero doblar ese tiempo,
tirano y frágil,
antes de que me estalle en las manos.
Quiero volver al momento
de la niñez donde la soledad
no era siquiera una sospecha.

Sólo por un segundo,
sólo ese segundo.

Quiero sonreír
sin tiempo
con aquellos que amo.

sábado, 7 de julio de 2018

Poema


El poema nace del espanto
como una reacción impostergable.
El pobre tipo al que los demás llaman poeta
camina como cualquiera hasta que lo quiebra
un rayo de maldad, un atisbo de belleza,
una salpicadura leve de la verdad cruel y pura.

Entonces necesita escribir
como si fuera un profesional de la palabra
y apenas logra balbucir un conjuro triste,
desprovisto de toda estética y grandeza.

Ese trasto,
ese enmarañado tejido de frases,
será llamado poema
por un piadoso o por un cínico.

En realidad es un escudo,
maltrecho y agónico
con el que a duras penas y por minutos
podrá defenderse
del grito de la calle horadando su alma
de viejo culpable.

jueves, 5 de julio de 2018

Avenida de cuatro vías


En la avenida de cuatro vías
militares de bronce de gesto adusto
miran sin ver la noche fría.
Otros militares duermen la guardia
en las barracas,
esperando el llamado para liberar
al país de sus propios ciudadanos.
Perros de yeso están alertas,
mirando la línea de una frontera que no conocen.
Otros perros buscan cobijo,
les da lo mismo el refugio
en uno u otro país; las sobras saben a lo mismo
y en todos lados son escasas.

La noche me corta el rostro
como la navaja de un barbero ebrio.
Hay pequeñas basuras en una parte mal atendida
del cantero central
de la avenida de las cuatro vías.
Las pequeñas miserias que pesan en mi alma,
como los olvidos que se clavan en nuestra memoria,
me recuerdan a esos papeles, cajas de cigarros
en dos idiomas,
pedazos rotos de celofán de galletitas.

Apuro los pasos y dejo atrás a los militares de bronce,
los perros de yeso,
las basuras que no
me pertenecen.
Busco mi casa con el mismo frenesí
que busco mi alma.

sábado, 30 de junio de 2018

Ciudad espejo

En la ciudad espejo
que no se refleja en sus ojos
las piedras han enmudecido.

Los libros de fe mienten como diputados
y confunden amor con propiedad privada.

En la ciudad espejo
las formas se distorsionan
como la verdad en los libros de historia.

El hierro se cubre de orín
y las almas se pudren dulcemente.
Donde no entra la humedad reina el dinero.

Bajo los portales duermen hombres invisibles:
la pobreza se oculta con más pasión
que la ignorancia.

La ciudad espejo duerme en pleno mediodía,
es más sagrada la siesta que la vida.

Pero hay mujeres, niños, hombres
que sienten bajo ese manto de azogue.
Hay un mundo del otro lado del espejo
pidiendo por un alma pura que se sumerja
y lo salve.
Un mundo que quiere romper esta superficie
y respirar.

Deslizo mis ojos por el rostro de la ciudad
como un surfista por un mar de vidrio.
Mi alma está herida, sucia y vieja.
Me miro en la ciudad sin lengua,
interpelo a sus piedras y busco mi rincón.
Estoy en casa.

viernes, 15 de junio de 2018

Ernest

El plomo se forja en una fábrica cualquiera.
Toma la forma convexa necesaria
para cortar el aire como una palabra maldita.
Se vestirá de bronce y llenará su corazón
del polvo mágico que le dará
efímera vida.
Su destino está atado al mío
desde el principio de los días,
desde el protozoario y la montaña.
Su destino es dormir en mi cerebro
para darnos descanso,
y,
quizás,
una razón de ser.

martes, 12 de junio de 2018

Mundos


El hombre carga
pesado como un mundo
el peso de sus sueños incumplidos.
No llegará hoy
sobre su pecho el sol.
Las baldosas
congelan sus pies a través del calzado;
portan maldiciones antiguas
enterradas en los cimientos de la ciudad.

El hombre carga sobre su cabeza
con una noche sin estrellas
que lo escupe con invierno.

Espera,
sin fe,
un descanso en el portal.
Con un esfuerzo de atlas en bancarrota
Instala en los labios áridos una torpe sonrisa,
coloca la llave como un conjuro
y entra.
Alguien lo besa,
alguien le promete futuro con ojos únicos.
Mañana
saldrá a la vida
a cargar mundos.