mi letra es carne
es sombra de una ausencia
y también durará un suspiro
no tendrá
ni pretende
casa de piedra o bronce
mi letra
esa
mancha organizada
esa
impureza sobre blanco
silbará en tus ojos
para besarte
en un siempre hoy
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jueves, 20 de marzo de 2014
lunes, 3 de febrero de 2014
ácido
bajo la lluvia
la ciudad pierde su maquillaje
como una bataclana vieja
en la madrugada tardía
quedan
sus vergüenzas
expuestas a miradas impúdicas
culpables de indiferencia
sólo los cínicos enumeran
tras lentes empañadas de claridad
los sin
son invisibles
a transeúntes y estadísticas
en breves umbrales de cartón
dos graffiteros
rivales
mean sus
respectivos muros y viceversa
con chorro de
spray
bajo las patas
los carteles de
cocacola
ejercen su impune
hipocresía
los trabajadores cuentan
los días perdidos
de vacaciones con
un sol en fuga
la lluvia lame las heridas
con ácido encono.
jueves, 30 de enero de 2014
Poetas muertos
"mantienen a estos íconos como templos impenetrables" Hoz Goliardo Léudnadez
Este culto de los poetas muertos
Este culto de los poetas muertos
-pisar sus huellas, imitar su estilo-
apaga su estrella, muerde su filo,
torna banales los viejos aciertos.
Hay poetas bien vivos y despiertos
que quiebran con sus versos el
tranquilo
dormitar de los museos. En vilo
descubren oasis en los desiertos.
Hay un cierto goliardo mexicano
que cada vez que escribe abre camino
-pluma fácil que se vuelve machete-
un joven viejo, buscador de arcano
arte. No se conoce su destino:
todo lo da porque nada promete.
martes, 21 de enero de 2014
Bestia
La bestia que me habita camina por mi
esófago como un vómito con cuchillos. Se trepa a mis orejas y me
grita, me hiende su lengua volcánica hasta ponerme al borde de la
locura. Me impongo, la escupo, la trago una y mil veces, la baño en
café y alcohol hasta que logro callarla. A veces tengo días de
tregua. Le permito guiar mis ojos pero jamás mi voz, mis ideas pero
jamás mis actos. Es un truco destinado al fracaso.
Una vez intenté exorcizarla, pero se
rió de los intentos fallidos del sacerdote. Me explicó que no es
demonio, que es parte de mí, que es como mi reflejo, pero en mi
interior. Es por eso que busqué una forma más efectiva de alejarla.
Ahora veo ese cuerpo desnudo, caído
sobre un costado y aún sosteniendo a medias un revólver humeante y
aunque demoro unos instantes, termino por comprender todo. La bestia
soy nosotros, mi cuerpo era sólo un vehículo. Pero siempre se
podrán encontrar mejores.
lunes, 20 de enero de 2014
El silencio como arma o el plagio escondido: reflexiones sobre una canción de Zitarrosa cantado por un tal Montañez.
La cosa es así: el artista crea y las discográficas difunden, arman gustos y desarman cabezas. Es sencillo: un cantante urbano con mucho de rural, como Zitarrosa, compuso canciones que hablan de su tierra, el exilio lo obligó a trabajar en otros países y las canciones siguen siendo hermosas, aunque pierden contexto. Una de esas canciones, Milonga para una niña, fue escuchada por un tipo muy hábil, que entrevió las posibilidades poéticas de una canción fácil de adaptar por tener su letra un metro riguroso. Cambió el ritmo a salsa, y la incorporó a su repertorio. Olvidándose de aclarar que su autoría no le pertenecía, claro. Ese silencio alimentó la creencia, que nunca se encargó de negar, de que la canción pertenecía a este intérprete, un tal Andy Montañez, uno de tantos, y no al autor uruguayo Alfredo Zitarrosa.
¿Hasta que punto no bordea el plagio ese silencio? He visto a este señor hablando del "origen" de la canción (de la que siquiera cambió el título, haciendo incomprensible por qué se llamaría "milonga" una salsa), y habla de un "corte", o un estilo musical argentino -cometiendo así otra torpeza, ya que la milonga uruguaya no tiene nada que ver con la argentina, son estilos musicales completamente distintos-, pero callándose que esa canción pertenecía a otra persona. Pagará los derechos de autor, no me cabe duda, porque de no ser así estaría cometiendo un delito. Pero más allá de lo jurídico, esta persona es muy cuestionable: el trabajo de un autor merece reconocimiento, y el silencio se lo niega.
¿Hasta que punto no bordea el plagio ese silencio? He visto a este señor hablando del "origen" de la canción (de la que siquiera cambió el título, haciendo incomprensible por qué se llamaría "milonga" una salsa), y habla de un "corte", o un estilo musical argentino -cometiendo así otra torpeza, ya que la milonga uruguaya no tiene nada que ver con la argentina, son estilos musicales completamente distintos-, pero callándose que esa canción pertenecía a otra persona. Pagará los derechos de autor, no me cabe duda, porque de no ser así estaría cometiendo un delito. Pero más allá de lo jurídico, esta persona es muy cuestionable: el trabajo de un autor merece reconocimiento, y el silencio se lo niega.
miércoles, 15 de enero de 2014
Gelman
el tipo sabe de dolor
el hijo robado
la nieta recuperada
la nuera que grita
un silencio atronador en su insepultura
¿dónde está nuestra antígona?
en los versos de este hombre
se anuda la vida
jueves, 9 de enero de 2014
Llorar sobre el río
Escribir es describir
un lugar que el otro ya conoce.
Escribir
es llorar sobre el río.
Sólo puedo contar de mi dolor
lo que el amor
ya te ha contado.
Hoy usaré mi civilizada sonrisa,
tragaré mis juramentos y mis
plegarias,
se verá sólo un coreuta más
fatigando aceras,
sumando su susurro insignificante
a la canción ciudadana.
Nada te puedo contar
de lo que nada entiendo,
nada puedo pintar
del abismo interno
que me gobierna.
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