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sábado, 17 de agosto de 2019

cristales


Naufrago entre utopías de cristal.
Mientras busco la palabra perfecta
un hombre busca el sustento en una
volqueta de basura.
No puedo dejar de sentirme culpable,
aunque otro enriquezca la pobreza
del tipo que gasta baldosas a ver si en la próxima hay algo.

La ética y la estética juegan una pulseada
en un mostrador de estaño manchado de sangre de cordero.

Las utopías naufragan en los cristales de mis lentes
y mis versos se alargan en prosas
que mi estética destetada insiste en cortar, cor
tar.
Un tipo se sube al ómnibus.
Tiene ropas viejas y rotas y ofrece libretitas.
No tengo monedas para darle,
o sí tengo, pero sé que me queda poco crédito
y tendré que caminar más.
Los cristales se empañan en el frío de mi vergüenza.

Ahora, calentito, cenado,
sabiendo que no soy un hombre rico,
aliviado de mi probada inocencia,
escribo un poema metafísico de formas clásicas
-que suene como debussy, me dicta
el fantasma de las culturas pasadas.
Entre el conteo de sílabas métricas y el acento en la sexta,
me persigue la cara del hombre en la volqueta,
que también es la cara del hombre en las libretas.
Sospecho que es la cara del Hombre.

El cristal se licúa y en él
naufraga el mundo.

lunes, 12 de agosto de 2019

Lluvia


Llueve como si el agua nos lavara
la culpa de soñar y no haber sido.
Llueve y lleva la lluvia lo vivido
como si cada gota nos borrara.

Pero hay huellas que quedan en la cara,
y otras, imperceptibles, hacen nido
en pozos donde nadie se ha atrevido.
Hay una lluvia negra que nunca para.

La lluvia moja sólo superficie,
no descansan sus gotas en el alma
sedienta tras áridos, falsos viajes.

Llueve en vano, sobre seca planicie
donde no brota vida, ni se calma
tanta sed. Llueven húmedos mensajes.

retornaré en flor


cuando muera
no habrá banderas
ni serán leídos
mis poemas en las escuelas.
pasará que
cuando muera
lloraran sólo
a quienes duela
y brindarán los amigos
como si fuera
mi cumpleaños.
cuando muera
será en hermoso silencio
con sol de primavera
y luz de otoño.
cuando muera
retornaré en flor y te besaré
como por vez primera
para que recuerden tus labios
quien era.

domingo, 4 de agosto de 2019

Buen hombre

No soy un hombre bueno.
Aúllan en mi pecho legiones en guerra,
y la bondad no puede llegar a mis ojos
a encender una hoguera de esperanza.
No soy un hombre bueno,
pero lo intento
más allá del decálogo del boy scout
-fui un pésimo boy scout: nunca aprendí a traicionar-
No soy un hombre bueno,
los hombres buenos no dudan
y dan todo de sí.
No soy buen hombre, soy hombre nube.
Tapa mi nube un sol que abra mi pecho,
y dé la victoria a esa bondad que oprimo.
La materia que forman mis átomos
tiene diez estados, como estaciones de un tren
abandonado.
Todavía no ha parado
en la estación de la Bondad

titán

1
La ciudad es un titán maldito
que muerde la carne de sus hijos
y los escupe en las veredas
como ofrendas al demonio de la miseria.
Sobre su asfalto manchado
de aceite y odio ciudadanos
con plástico seis millones y bicicletas sin freno
reparten fast food a revolucionarios de pantalla.
Hay quien promete limpiar todo:
ya sabemos a quiénes nos consideran mugre.
2
En el pueblo de la siesta los travestis joden
cuando dejan de ser pintorescos
y se les da por ser humanos.
Los hijos sanos de las buenas familias
velan por la necesaria desigualdad;
en el pueblo de sus padres
los negros no entraban a boliches de blancos,
y los libros de los comunistas ardían en las plazas.
El pueblo sigue teniendo dueños
y no se mencionan en voz alta
ciertas cosas.

domingo, 7 de julio de 2019

Decir que te amo

Decir que te amo
es encerrar en cinco letras
veinte años de soles y lluvia
y abrazos que sostienen
como árboles al cielo.

Decir que te amo
es un intento pobre pero imprescindible
de traducir besos en una palabra
mágica y enana que no alcanza
a decir angustia, placer, dolor,
despedidas, soledad y alivio.

Hay gente que supone
que trabajo con palabras:
lamento defraudarlos.
En este momento no puedo armar
emocionantes discursos,
poemas que sean recitados en colegios
ni cartas de antologías literarias;
apenas puedo, con torpe voz
decir que te amo.

Levántate

Levántate,
grita una voz que no es mía
y sin embargo sale de mis uñas,
de mi sombra, del fondo de mi niñez,
de cada traición que le hice
a mis esperanzas.

Levántate,
dice la voz en una lengua extraña,
en un español de otra galaxia,
que no era el de mis amigos,
no era el de mis padres,
pero que me trae las nubes
y el sol de aquel cielo
que brillaba mi bicicleta roja,
mi pelo con coleta
-sí, tuve pelo-, mi antediluviana juventud,
mi niñez de exilio,
mi voz horrible cantando
canciones de Mercedes Sosa
a una hermana que nunca se quejó.

Levántate,
me grita y ya sé que soy yo el que grito
desde el suelo, desde el mismo
suelo que visito desde mi infancia.
Levantate, vení, vos podés, dale
y la voz son todos los que me aman,
los que me amaron y me vieron
una y otra y otra y otra vez
caer y levantarme, eterno
habitante del abismo, eterno
perdedor de cada día.
¿Perdedor? No.
Perder es no aprender
a levantarse.