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martes, 4 de noviembre de 2014

canción de cielo

no puedo tocar el cielo
no
pero ¿para qué tocarlo?
si el cielo no es piel
no es papel
si el cielo no responde a mi tacto
no soy
su semejante

la canción tiene su borde
y lo avizora
la canción se dulcifica en el adiós
como una promesa delgada
un nomeolvides deshojado
que se besa y vuela.

ya no tiro piedras al cielo
no
ni las piedras ni el cielo
tienen la culpa de mi angustia
ya no subo escaleras
no
si no soy su semejante

he de sentarme en la hierba
el hermoso pasto
y miraré una vez más el cielo
con ojos que quizá
se le asemejen

he de cantar la canción
y su dulce final
de beso y vuelo.

lunes, 3 de noviembre de 2014

por ética

Hay dos actitudes cuando uno se pone a escribir. Una es la que estoy asumiendo ahora, descriptiva, taxonómica, que podemos definir como relacionada a lo que es. Otra es normativa, o declarativa, que podemos definir como relacionada a lo que debe ser.
Cuando uno se pone a escribir de literatura puede adoptar, entonces, una actitud científica o pseudo científica, que debería ser descriptiva (nótese cómo se puede ser normativo acerca de lo que es descriptivo, de paso), es decir, que debería decirnos qué corno es lo que la gente entiende por literatura. La gente, ese ente difuso y con márgenes borrosos, pero no el autor. El autor debería (otra vez debería...) quedarse piola y no meter sus creencias y sus prejuicios en el medio. Debería, pero se complica. A lo que podemos esperar, en el mejor de los casos, es a un autor honesto que reconozca sus prejuicios como tales a la hora de mostrarlos.
La otra actitud entonces es la declarativa. Porque por más que nos sintamos dictadores de la literatura y nos empeñemos en decir que las cosas son como decimos que son y deberían ser lo que se nos antoja a nosotros que sean, o de la forma que se nos cuadra; en definitiva la gente (ese ente difuso, etcétera) no nos va a dar pelota. O sí, pero eso no cambia las cosas, sólo la manera de ver esas cosas por un grupo más o menos reducido de gente (ni me meto a hablar de la fenomenología y anexos, la dejo por ahí y punto).
Toda esta introducción para distinguir entre la teoría de la literatura y la poética personal de cada autor, es decir, entre los que se ponen a analizar la literatura como un objeto y los que se sinceran y dicen “yo escribo así por tal y tal motivo”, llegando al extremo de los que dicen “se debe escribir así”.
Bueno, ahora cambio la actitud. Paso a la segunda: declaro.
Declaro escribir, para empezar. La primera pregunta hipotética a responder, sería ¿por qué? Porque sí. Porque me hace bien, largo toda la basura y suelto todos mis ángeles a volar mientras escribo. No sé si es una necesidad, al menos si es una necesidad comparable a las fisiológicas como orinar, comer o respirar; o comparable a las espirituales como amar, reír o putear (hago la aclaración que en rioplatense básico putear significa proferir diatribas contra el aire o contra el que se cruce en mal momento). Pero es necesario, cada tanto, largar, decir con los dedos, dejar en signos quietos mi bien y mi mal.
La segunda pregunta es para qué. Que no es lo mismo que por qué. Bueno, la respuesta es más sencilla: escribo para que otro lea. Ese otro que puedo llamar lector suele ser conocido (tan poquitos son), pero tengo la pretensión de que no necesariamente lo sea.
La tercera pregunta, y acá viene lo más complicado, es cómo. Bueno, al menos cómo intento que sea el resultado. Y acá me voy a explayar un poquito:
Escribo, ante todo, poesía. Es lo que más me interesa y lo que (creo) mejor me sale. Lo que no habla muy bien de lo demás, en comparación.
Hay poetas que tienen todo un sistema elaborado: sus poéticas. Son famosos Mallarmé, Rimbaud, Valery, Huidobro... sobre todo, los que la teoría literaria (ya me iba a servir haberla mencionado) agrupa en ismos. Y uno tiende a arrimarse a esos ismos, que son como árboles en una tormenta. A veces, sólo a veces, nos animamos al descampado. Nos mojamos, claro.
Bueno, mi manera de mojarme es darle pelota sobre todo a la frase. Decir como puñetazo, así es la mejor manera, se me ocurre, como puedo decir. Y que la frase además signifique, claro.
Todo esto no deja de ser una pretensión, un intento. Por eso, como manejo con limitación las pretensiones trato de no buscar que además tenga un vuelo, o que juegue con la sonoridad, o que bucee entre simbolismos varios. A veces hago eso pero es de puro inconsciente, nomás, y así me sale (como mi cara).
Cuando por una de esas logro o creo lograr la frase, sigo el juego con el poema. Es decir, trato de continuar el intento verso a verso, estrofa a estrofa. Me pongo por momentos exquisito o exigente y termino exiguo y exhausto, después de intentar malamente un soneto, una décima o un hayku. Esto último me ha dado varios dolores de cabeza, porque aparecen expertos desde abajo de las piedras (y yo que me conformaba apenas con cuatro ex-). Y realmente termino dándome cuenta de lo al pedo que son todas esas teorías de cómo deben ser las cosas. Pero ni así aflojo con mi propia teoría de cómo debe ser mi poema.


Ahora, lector (sí, vos, ¿a quién te creés que le hablo en esta soledad? Casi te puedo nombrar de poquitos que son), ahora ya sabés mi secreto a voces. Mi sistema antisistema. Ahora podrás leer mis poemas y ponerte en crítico, subrayando cada error. O al menos eso espero, porque te digo la verdad, los poetas somos pésimos criticando nuestro propio laburo.  

domingo, 2 de noviembre de 2014

la lluvia es un tango

La lluvia es un tango
de anacrónica tristeza.
Ya no somos modernos,
ya no.
Ya no cantamos al progreso
de valientes aeroplanos,
la lluvia ya
lavó el asombro.
El tango gota a gota
ronronea gato a gato,
entre dedos que golpean
un africano piano.

La lluvia candombea,
mezclándose en la sangre
roja como el cielo de febrero
La sangre
llueve como un tango.

La lluvia repica
en un moderno cinc,
en un galpón sin tiempo.
Entre mate y mate,
sin apuro,
el hombre ensilla un alazán
que correrá contra el tiempo.
Nadie apuesta
por el opuesto.



sábado, 1 de noviembre de 2014

odio II

me consume
como un fósforo de cera,
lo llevo dentro
como un gen maldito.

el odio no es los otros
me digo
no seas hipócrita
no me
te
nos
mientas.

si lo ves en los demás
es porque son tus
mis
nuestros
espejos.

el odio es tan humano
como el amor
y su sombra.


miércoles, 29 de octubre de 2014

odio

Hay un pueblo que lleva
el odio en sus entrañas,
guarda una apariencia
de cívica tolerancia:
dice “buenos días”
pero piensa vieja/
pendejo/bolche/facho/negro/
trolo... siempre con el mismo apellido,
De Mierda.
Hay un pueblo que mastica odio
como si fuera alimento
y baja de las alturas
como un maná maligno.
Allá arriba sus líderes ciegos,
envalentonados por el poder
-ese quinto jinete-
profieren muerte escondida en palabras.
Riegan la tierra con la escoria de sus voces.

Hay un pueblo que alguna vez sentí mío

y hoy siento cada vez más extraño.

viernes, 24 de octubre de 2014

camino

Camino por una cornisa
y si algo me faltó
fue un zapato equilibrado.
Me inclino a la izquierda
porque el corazón se me agranda cada tanto
pero no hay izquierda en el vacío
ni vacío en la parrilla.

Quiero llegar al otro lado
esa difusa imagen que cambia a cada paso,
pero me dice el viento que no me apure,
que toda hoja cae en su momento,
y la hoja se me escabulle virtual entre tanta tinta

difusa.

Camino
por esa cornisa llena de musgo
con una rosa en la solapa del saco que cuelga de mi hombro
con una risa en el oído de tu voz aquel día.
Camino
y resbalo cada tanto;

el aire me abraza,
el sol me condena,
el cielo me trae fotos
que me sostienen,
que me elevan.

Camino.
Vuelo.

Llego.

lunes, 20 de octubre de 2014

Isabella

Mi hermana es mi sangre en otro cuerpo.
Cada latido suyo golpea en mi pecho como una ola furiosa.
En cada alegría suya, un ángel bendice mi alma.
Su compañero es un hermano que me dio la vida,
para compensar los que extrañé en la niñez.

Por eso hoy, en esta prosapoema
no puedo hacer otra cosa que desangrar tinta,
que sonreír soles,
que brindar con cada espíritu de aire mar y tierra.

Han traído al mundo a Isabella,
a la criatura más hermosa que hayan visto mis ojos,
a la imagen de un hada hecha canción hecha niña.

Viéndola
mi escepticismo se vuelve fe,
mi cobardía valor,
mi ira se suaviza hasta la ternura
esa que siempre se me escapa.

Por ella me arrodillo ante los cielos
y por ella descenderé a los infiernos si es necesario,
para volver también por ella.

Esto es una declaración de amor y de guerra.
Cada palabra que digo está tatuada a fuego en mi corazón.
El que quiera oír, que oiga.
El que quiera estar conmigo, ese será llamado amigo.

Sé que no estoy solo en este amor
en esta guerra.
Porque a mi lado están

los que siempre han estado.