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viernes, 13 de enero de 2017

Sobremurientes

La ciudad tiene niños
sobremurientes.
Viven,
si el eufemismo tiene sentido,
al filo del corte
sobre los antebrazos.
No tienen nada más que el vértigo,
no tienen nada más que el miedo
del otro lado del caño.
Matar es una puerta
para no estar solos,
mientras la bala que los busca
baja en el puerto.
La ciudad tiene niños
cimarrones.

La ciudad tiene niñas que vuelan
con alas cortadas.
Hechas mercancía
incluso antes de menstruar,
han conocido más cárceles que escuelas.
Se disfrazan de mujeres
en oscuras terminales,
en rutas, en el puerto,
donde hombres vacíos las usan
como si fueran jabón.
Muñecas rotas sin niña,
vuelan
hasta caer.

La ciudad tiene hombres y mujeres
que se indignan sanamente al mediodía.
La hora del almuerzo se interrumpe
de realidad.
Como si alguien
de forma inoportuna
destapara el tacho de basura.
Algunos olvidarán o pensarán en heroínas turcas
a la hora de la siesta.
Otros intentarán ahogar la culpa
por no hacer nada
en poemas sin belleza
ni fe.
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