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martes, 8 de mayo de 2018

La paz de la frontera


En la frontera de la paz
es más fácil contratar un sicario
que alquilar una casa.
Hay más iglesias que farmacias
y encontrar una librería es tarea
para detectives.
En la frontera de la paz
es muy peligroso amar al prójimo
literalmente.
Sobre todo si el prójimo y el amor
no se permiten.

En el lugar del mapa
atravesado por una línea
se diluyen la lengua, la frontera y la paz.

En la paz de la frontera
hay buena gente que mira pasar los años
como si fueran nubes en el cielo.
Es gente buena, pero no alcanza.
Tienen buenas intenciones, pero no alcanza.
Tienen buenos sueños, pero no alcanzan el cielo
prometido.
Mientras haya prójimos más prójimos que otros,
mientras el cielo tenga escaleras y ascensores,
no alcanzará jamás
para que la paz y la frontera
no sean una caricatura
de un nombre soñado.

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