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martes, 20 de febrero de 2018

Negrura

Hay días en que sorprendo
la negrura de mi alma
como si asomara a un pozo séptico
escondido bajo un baptisterio.

Hay días que desearía sentir dolor
en ese muñón que guarda mi pecho.

Un asesino se ha matado y sólo siento
empatía por sus víctimas,
un alivio podrido.
-la empatía que no hace nada es estéril,
la santa indignación del televidente
que no se acerca a abrazar,
sólo se enfurece mirando la pantalla
limpia de sangre-
Un asesino ha cocinado su karma maldito
y yo veo en el espejo dos brasas apagadas
que miran sin piedad,
sin compasión.

¿Importa ahora que declare
que el asesino en cuestión tenía
galones dorados?
¿O quizá nació en la pobreza
y escondido en ella justificaba
su sino terrible?
Un asesino es un asesino,
alguien que salpica a la manada
que lo vio crecer
sin decir nada
hasta que nada importó ya.
Hasta que respiró aliviada
cuando supo de su muerte.

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