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viernes, 29 de diciembre de 2017

Aguas del río

Me niego a realizar balances de vida.
Es como intentar dividir las aguas de un río con centímetros
y decir
"hasta aquí bajaron turbias", "he aquí la pureza",
"de estas aguas han bebido,
para su fortuna,
mis enemigos".
No, no he de crear ficciones
y pretender su verdad,
para eso están los historiadores.

He de agradecer, como todos los días,
que ha girado la rueda de los tiempos,
y he sido bendecido con amigos,
que me han bañado mares nuevos
y mi rostro se ha lavado con lágrimas viejas.
He de agradecer la vida,
la misma que se escapa como agua de un río frío,
o de un mar cálido.
He de agradecer que me baño en los ojos de mi esposa cada mañana
y que de ellos nazco renovado.
He de agradecer que puedo ver y abrazar a mi madre.
He de agradecer que veo crecer
la sangre de mi sangre.

Me niego a realizar balances,
para eso están los contadores y sus monedas.
Yo no podría afirmar si el nuevo calendario
me encontrará un quince por ciento más o menos feliz.
Sólo puedo afirmar que por cada dolor
he recibido el doble de alegría.

Me niego a realizar balances
y decidir si la temporada ha dado más o menos frutos.
Para eso están los economistas.
Yo sólo sé que debo seguir sembrando, haciendo,
más incluso que ayer.
Yo sólo sé que esta tarde llegaré a mi casa,
abrazaré a mi esposa y he de agradecer
por ese abrazo.

Me niego a realizar balances,
sólo puedo,
malamente, con limitados trucos de versero,
hacer esto que mis amigos, generosos,
amables,
amigos, al fin,
llaman poesía.

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