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viernes, 31 de marzo de 2017

Docente

Seguramente no dormiste,
o te costó enormemente.
Entonces llegás al liceo pateando los ojos
como si fueran piedritas.
Hoy es el día, pensás
y enseguida sabés que pensás algo obvio.
Para ese día no te prepara nadie.
Te dan consejos,
claro.
Te dan aliento,
claro.
Pero nadie te puede prevenir
acerca de lo que crece el mundo
cuando te dicen
“la clase es tuya”.
Veinte,
treinta,
cuarenta pares de ojos se clavan en tu persona.
Y vos arrancás con dudas, con miedo.
La lengua es una roca caliza
y las manos son de papel.

De repente pasa algo,
imperceptible
sutil como una mariposa en un museo,
algo que te hace sentir bien.
Entonces la clase fluye.
No sabés hacia donde, pero fluye.
La planificación previa era un mapa perfecto,
pero encontrás el tesoro en otra playa.

Cuando estás terminando
alguien
que recordarás toda la vida,
te dice profe.
Y sabrás para siempre que lo tuyo es eso.

Ser docente.
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