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martes, 11 de diciembre de 2012

abrazo


La muchacha se revolvía en su cama, inquieta. Algo la molestaba, pero no sabía exactamente qué. Se sentía muy sola, hacía meses que había cortado con su novio y no se adaptaba a la situación. Se levantó, encendió su computadora, navegó un rato por internet hasta que le volvió el sueño y volvió a acostarse.
Tuvo un buen sueño, alguien que no podía identificar estaba con ella, la abrazaba y eso la hacía sentir bien. Se sintió a gusto con el sueño, tanto que al despertar, en ese estado en que la vigilia y el sueño comparten espacio, todavía sentía esa compañía. Cuando despertó del todo se alarmó, el peso de una persona la aplastaba. Se dio vuelta de golpe, pero no había nadie más en la habitación. La puerta estaba trancada. Debo estar mal, pensó, fue sólo un sueño. Quiso comentar el sueño con un amigo, que sabía que hallaría despierto, pero al abrir su computadora encontró escrito en un programa de textos: “no te abandonaré nunca”.
Noche tras noche espera la llegada del abrazo, día tras día, encuentra escrita esa frase en una computadora rota.
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