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miércoles, 4 de enero de 2012

La enseñanza de la literatura (opinión insensata en busca de juicios sensatos)

Hace un montón de años, cuando era joven y todavía creía que era poeta, leí una serie de artículos, ahora de muy difícil acceso (ni recuerdo el nombre del semanario, vinculado a una organización política determinada, como por otra parte estaban todos los semanarios de la década del 80), firmados por la Profesora Graciela Mántaras Loedel. Primero que nada una aclaración: lo de profesor es un título que se da universalmente a quien ejerce la docencia, en muchos lugares preferentemente a quien la ejerce en la enseñanza secundaria, terciaria y/o universitaria. En Uruguay, además, existe un título específico otorgado por una institución específica, el Instituto de Profesores Artigas, fuera de ese instituto, los que expide título de “Profesor” son el Instituto de Educación Física, universitario, y el INET (Instituto Nacional de Educación Técnica), dependiente de ANEP (Administración Nacional de Educación Pública). Ahora que ya estamos más familiarizados con las siglas, conocimiento indispensable para entender a la educación uruguaya, podemos decir que Graciela Mántaras era Profesora de Literatura egresada del IPA e inspectora de dicha materia en la enseñanza secundaria pública de Uruguay. Podemos también decir que muchos profesores que dan clases en la Universidad de la República o en las muchas, demasiadas para la demanda, universidades privadas del país, nunca han recibido el título de Profesor en ningún lado y a pesar de ello no titubean en firmar como tales o hacerse llamar así. Es curioso, porque muchos de ellos ejercen otra profesión y no dudarían en acusar de usurpación de título a quien se llame a sí mismo, sin serlo, Doctor en Medicina, o en Derecho, o Arquitecto o... bueno, un largo etcétera (aunque la ley distingue al respecto el título habilitante del que no tiene esa condición). Pero me voy de tema.

Esta serie de artículos se referían a la enseñanza de la literatura, y no eran aplicables sólo a Uruguay, sino a cualquier país. Ahora bien, antes de continuar, es necesario contestar(nos) algunas preguntas básicas:

  1. ¿Para qué enseñar literatura?

  2. ¿Qué literatura enseñamos? (obras, autores, géneros)

  3. ¿A qué estudiante le enseñamos literatura?

  4. ¿Cómo enseñamos?

  5. ¿Cuáles son los conocimientos previos para la enseñanza de la literatura?

Vamos por la primer pregunta.

Hay que distinguir dos niveles de respuesta, los fines y los objetivos de la enseñanza de la literatura. Los fines responden a un nivel teleológico, más apropiado a la filosofía de la educación, pero las respuestas usuales las podemos resumir en “formar ciudadanos”.

Es un fin grande, con pretensiones de universalidad y claramente responden a una ideología demócrata y positivista, encarnada en Uruguay por la figura de José Pedro Varela. Los objetivos responden a lo que se quiere lograr en cada nivel de aprendizaje, suelen ser más instrumentales, y subordinados al fin perseguido.

Hay una respuesta más sencilla, menos pretenciosa y más directa, que se puede hacer sobre los fines (o el fin): Enseñar a leer. Usted me dirá: eso se logra con la enseñanza de la escuela. Sí, claro, pero si uno observa la capacidad de interpretación, análisis y comprensión lectora de un estudiante que llega a la Universidad, pongamos por caso, a estudiar Ingeniería, enseguida dirá: la mayoría no sabe leer. Es decir, saben, pero con carencias en las capacidades arriba referida. Ni hablar de los estudiantes que no logran completar la enseñanza secundaria. ¿Cómo que no saben leer? ¿Y entonces cómo pueden estudiar a nivel terciario? ¿O cómo pueden comprender lo que pasa en el mundo? Se preguntará usted. La respuesta es sencilla: no pueden. Por eso fracasa el proyecto en la consecución de sus fines. Por eso el fracaso escolar dramático que se da a nivel universitario, con el consiguiente costo. Porque claro, un estudiante universitario fracasado cuesta demasiado dinero al Estado. Pero eso es otro tema.

Adelanto un poco, antes de continuar: la Prof. Mántaras Loedel proponía reunir la enseñanza del Idioma Español con la de Literatura, ya en la escuela. Reunir, porque nunca debieron estar separadas, de esta manera continuar durante la secundaria, y no hacer el quiebre de esperar recién al tercer año de secundaria (unos catorce años de edad, en Uruguay) para empezar, de la nada, a enseñar Literatura.

El tema da para mucho. Tanto que para seguir, habría que hacerlo en otro artículo.

Pero agradecería muchísimo que dejaran su opinión al respecto de lo que han leído: esto no pretende ser más que un aporte a un debate que creo necesario.


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