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sábado, 2 de marzo de 2019
breve resplandor
martes, 26 de febrero de 2019
Montevideo
Montevideo es un puerto
al que se llega por tierra,
Montevideo es la guerra
entre el río y el mar.
Es un viejo pirata
al que prohibieron la sal.
Montevideo es un desierto
cubierto de gente que no se ve.
Es una ciudad de postal
en un cielo digital.
Montevideo tiene ángeles guardianes
en pre conflicto con el patrón.
Montevideo tiene un don
para hacerme enojar;
como no la voy a amar
y a querer irme enseguida.
Montevideo es una partida
que siempre quiere volver.
Allí aprendí a querer
como se aprende a volar.
martes, 12 de febrero de 2019
Lujos
En la ciudad de los marcos de piedra
el sol besa como las balas de un sicario.
No hay nada más frío que esos marcos
que miran e ignoran como humanos.
En la ciudad de los marcos de piedra
el amor es incompatible con el mercado.
En la ciudad de los marcos de piedra
dejo amigos que son lujos inesperados.
lunes, 11 de febrero de 2019
jueves, 17 de enero de 2019
Llueve
Llueve
y
escucho a Zitarrosa
y
pienso que en algún lugar
la vida es porfiadamente bella,
como un colibrí en esta época de plomo.
Llueve
y
la vida no siempre es bella,
pero siempre es porfiada.
Hay
gente fuera de su hogar
y hay
intendentes que posan en fotos
y piensan
en elecciones.
Llueve
porfiadamente
y yo escucho
milonga de ojos dorados
y sueño con colibríes
y sol
y en un lugar
que no existe.
sábado, 12 de enero de 2019
No me hables del pueblo
Ya no me hables del pueblo
como si fuera un dios
que requiere sacerdotes de barricada.
Ya no me hables del pueblo
como si fuera inocente,
como si fueras
su abogado.
El pueblo es un estómago
y miles de bocas que gritan,
y miles de manos que empuñan cuchillos,
como un Babel enorme y filicida.
El pueblo elige al peor de sus hijos
y lo llama líder, pastor, presidente.
El pueblo elige la forma de suicidarse
entre los discursos más idiotas.
No me hables del pueblo
que devora el hígado del que lleva la luz
en sus entrañas.
miércoles, 26 de diciembre de 2018
Hueco
A veces leo poetas muertos
y sucede que un verso
me perfora un ojo, como una lanza
arrojada por Héctor,
domador de caballos.
Otras veces leo poetas
que respiran el aire raro
que me sofoca.
Algunos tienen la edad
que tendrían los hijos que no concebí.
Al leerlos un rayo me atraviesa
y se aloja en el hueco
donde, se supone,
habitó un alma.