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jueves, 23 de agosto de 2018

Yo no soy poeta


Debo gritarlo
con la sentencia de un juramento:
yo no soy poeta.
Los poetas son gente respetable,
que tiene su nombre en bronce
y gesto adusto en las plazas.
Los poetas aparecen en fotografías
como seres superiores
ocultos tras el humo de una pipa
y declamando sus letras,
como Moisés la ley heredada.
Los poetas dejan escritos
versos inmortales como himnos
que serán leídos por generaciones
como si fueran
leyes que sostienen los planetas.
Yo no puedo ser poeta:
me gusta cocinar y canto
horriblemente. Escribo, sí,
versos que con un poco de pena
los amigos leen como quien escucha,
por compromiso,
a un músico en un ómnibus.
No puedo ser poeta,
mi nombre no se hizo para el bronce,
sino para la voz de mi gente
más querida.
No puedo posar sin hacer caras extrañas
y me río de los torpes intentos de poesía
que no llegan siquiera al cielorraso.
Debo decirlo en un susurro,
para que todos se enteren:
amigos, hermanos,
yo no soy poeta.
Soy un viejo versero de la vuelta.

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