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martes, 2 de junio de 2015

Escena montevideana 4: Tristeza

Montevideo es una caja de sorpresas. Forrest Gump diría que es una caja de bombones, pero a mí me parece más una bolsa de caramelos de todos los sabores, como los que compraba Harry Potter que nunca ligaba uno de ananá o cereza, lo mejorcito era alguno de cera de oídos.
Bueno, hoy me tocó uno de cera de oídos. Entrando a la Facultad de Psicología me cruzo a un veterano, que sin estar mal vestido, no tenía pinta de pasarlo bomba. Traía un bolso de cuero, y colgado del bolso un cartel impreso y plastificado con la siguiente inscripción

TRISTEZA NO TIENE FIN

A lo mejor tiene. A lo mejor nos deja algún recreo. Pero lo cierto es que el cartel me persigue. 
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