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sábado, 8 de junio de 2013

Escena montevideana 2. Tolerancia.

El ómnibus de CUTCSA detuvo su marcha frente a la parada, por Mercedes y Río Negro. Subieron los pasajeros, el conductor cerró la puerta, pero quedó detenido, ya que el semáforo no lo habilitaba a cruzar. De repente se siente un golpe, fuerte, sobre la chapa del ómnibus. El conductor abre la puerta, mira hacia la parada, sobre la que todavía quedaba mucha gente -esperando otros ómnibus, otros caminos- y al notar a un adolescente empieza a gritarle "vos, sí, fuiste vos, ¿para qué me golpeás el ómnibus?" a lo que el muchacho, que lo miraba sin entender se defendía diciendo sólo que él no había sido. Hasta que un hombre, que también estaba en la parada, increpa al conductor diciendo "¿para qué le gritás al botija? Él no fue." El conductor contesta "entonces decime quién fue" -demostrando en ese reclamo que en realidad acusó al muchacho porque sí, sólo por ser adolescente y portador de cara (tener cara de sospechoso, para los no entendidos en montevideano básico). El hombre se niega a batir (denunciar al verdadero culpable, ídem anterior). Luego de un amable intercambio de insultos, el conductor finalmente retoma su camino. Varias señoras de edad avanzada (de avanzadas sólo la edad) durante el viaje dan manija (justifican el prejuicio, ídem ídem) al conductor, con apreciaciones tales como "sí, yo lo vi venir, pero no sé si era él, es el problema de la juventud, la violencia..." El único que no emitió un insulto, ni provocó, ni se movió siquiera de la parada, fue el joven, acusado por algo que hizo otro.
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