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lunes, 17 de octubre de 2011

El censista sensible

El censista censaba vecinos sociables, solitarios, simpáticos, ceñudos, sarcásticos o sardónicos. Visitaba casas preciosas, simples, señoriales o sencillas. Saludaba, se presentaba con su casaca descolorida y anunciaba su función de censista. El señor o la señora de la casa a veces lo hacía pasar, a veces le contestaba en la acera. No hacía diferencia, salvo que molestaba el sol, ciertamente encegecedor.
No es fácil responder a un sujeto que dice ser del Censo, cosas que no son secretas pero son sólo nuestras, entonces él cazaba sonrisas con sutiles y acertadas frases que hacían soltarse a los censados, propensos a cerrarse a las inquicisiones. Esquivaba cuestiones que encienden pasiones, situaciones tensas, demostraba bastante soltura en eso.
Pasó a ser una sombra más de la zona. Los vecinos saludaban a su paso a ese ser silvestre: el censista sensible.
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